Las memorias y tú

Las memorias son información errónea, datos que flotan en nuestra percepción, y que son compartidos con todos los seres humanos. Estos datos aparecen como pensamientos y nos van diciendo sin que nos demos cuenta, cómo debemos vivir, cómo debemos comportarnos, cómo debemos pensar acerca de nosotros mismos, cómo debemos pensar acerca de los demás, etc. Creer lo que las memorias dicen a través de lo que pensamos, es lo que nos genera un gran dolor casi que de forma permanente.

Todo está impregnado de estos datos erróneos, o sea de memorias. Aquí te pongo un ejemplo muy didáctico de cómo se comportan, y de cómo nos comportamos frente a ellas, a través de un diálogo preexistente del que no somos conscientes:

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Los hilos o cordones que nos unen

Cuando piensas en alguien, un destello muy tuyo viaja, a través del hilo invisible que te une a esa persona, para dejar en ella tu amor, o tu miedo.

Si pudieras mirarte de una forma más profunda, y no me refiero a los sentidos porque ellos son limitados, solo pueden ver lo que tienen en frente. Me refiero a tu alma,  porque entonces al mirarte verías un montón de hilos de diferentes colores, uniéndote a la mayoría de las personas con las que te has relacionado. Y verías también, que estos hilos se hacen de ideas, de palabras, de pensamientos, de intenciones, de memorias, etc. Y sabrías que eso que envías cuando piensas, es lo único que importa.

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La plegaria perfecta

No es un secreto que las personas oramos pidiendo, no es un secreto que las personas siempre, de un modo u otro, estamos pidiendo, pocas veces dando. La siguiente frase es un ejemplo de nuestras tradicionales plegarias a la Inteligencia Divina:

Dios (o como le llames), te pido que te acuerdes de mí, que me des _________ para ver si salgo adelante, que me ayudes con _________ para ver si mejora mi vida, que me des __________, porque es lo único que necesito para vivir mejor, que me mandes ___________ porque estoy mal, en serio… ¿Sabes cuánta plata debo? ¿Sabes cuánto llevo mal de salud?…

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Saber perdonar

A menudo las personas me preguntan: ¿Si perdono a alguien, debo convivir con ese alguien necesariamente?

Y mi respuesta es NO.

No necesariamente debes convivir con esa persona si no es tu deseo. ¿Porqué? Lo primero, lo primero, por la razón más importante. No es tu deseo, y eso debe tener validez para ti. No es tu deseo prolongar más esa relación de amistad, amorosa, o familiar. Y si no es tu deseo, es porque algo en tu interior no lo quiere así, por alguna razón. Y debes escuchar a tu alma. Quizás la forma en la que tienes codificada a esa persona en tu interior no dé para más, aunque la hayas perdonado. Quizás deseas vivir de esa manera tu nueva sensación de libertad.

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La curación de tus relaciones

Vamos descubriendo la vida con nuestro caminar, con nuestros aciertos, con nuestros errores, y con lo que traemos al hombro. Así es como se aprenden cosas como la que voy a decirte, pues no se nos enseña a amar realmente mientras crecemos. Solo se nos enseña a defendernos de los mismos monstruos que traemos por dentro.

El asunto es que no tienes una relación directa con otra persona. Tu relación siempre es con tus pensamientos, con la historia que te has contado acerca de esa persona. Tu relación siempre es contigo, no importa cuánta gente veas a tu alrededor.

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Cuando te sientas culpable di esto…

Cuando te sientas culpable, no importa si reincidiste en lo que consideras tu error, considera que estás aprendiendo. Que para eso es la vida. Solo entonces puedes decirte:

Estoy aprendiendo a dejar esa vieja adicción a la culpa, y a dejar de culpar a los demás. Estoy aprendiendo a dejar de creerle a mis pensamientos. Estoy aprendiendo que la vida simplemente sucede. Que te sucede a ti, que me sucede a mí, y que nada, absolutamente nada es personal. Que soy infinita, y por lo mismo inocente.

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Sobre el suicidio

Comienzo con una bella frase:

«Mira dos veces para ver lo exacto. Mira una sola vez para ver lo bello.»
—Henry-Frédéric Amiel

Las palabras de Amiel tienen un significado diferente para cada persona, creo. Y para mí son un sabio consejo:

No te sumerjas tanto en los laberintos de tu mente, no dejes que tu mente vaya a través de los pantanos, y de la bruma sin tu mano. La mente subconsciente es una niña.
No mires dos veces.

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No luches, perdona.

Ellos dijeron que tenías que luchar. Que tenías que luchar para obtener algo, lo que fuera en la vida, porque si no luchabas, no era suficiente y esas cosas que querías no llegarían.

Ellos creyeron que este mundo era un campo de batalla, lo creían de verdad, porque así se les enseñó también. No tenían otra manera de actuar, y como así lo creían, así mismo se los demostraba la vida.

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Cuando pienses en alguien…

Toma en cuenta lo siguiente:

Cuando piensas en alguien, puedes enviar amor o miedo, uno de los dos. Amor es todo lo bello, o la inclusión de todo lo que no es tan bello. Y el miedo está conformado por todas esas emociones desagradables: enojo, cólera, impotencia, frustración, necesidad de controlar, ansiedad, culpa, dolor, etc.

¿Qué datos estás enviando ahora? Esa es la gran pregunta.

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