Luz para las niñas del mundo

Cuando sepas de la guerra, o de cosas dolorosas que han sucedido con las niñas del mundo, por favor no dejes que la tristeza te invada, no te llenes de dolor, no permitas que te cubra la ira o la frustración. Si te llenas de dolor, y de desesperanza, no podrás ayudar(te). Creerás que no tienes nada que ver, y que solo puedes ser una simple espectadora de cosas desagradables a tu alrededor. Solo continúa caminando, y toma el 100% de la responsabilidad de eso que llegó a ti, sin mirar atrás. Aunque no parezca fácil. Aunque tu dolor sea respetable, razonable, lógico, y humano.

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La aceptación

La aceptación es decirle SI a lo que está sucediendo en tu cuerpo, en tu alma, en tu vida, en las vidas de los que amas, y en el mundo.

La aceptación es un estado de tranquilidad al que accedes mediante la gratitud. Y agradeces todo, sin distinción. Incluso ese pequeño o gran malestar físico, incluso esas lágrimas de frustración o de tristeza porque una voz te dice que no has logrado lo que anhelabas, incluso las diferencias entre las otras personas y tú. A todo eso le haces una reverencia mental sin esperar nada a cambio.

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Yo soy eso

Toda la oscuridad que llega a nuestra mente como seres individuales, y que no procesamos, que no perdonamos, tiene que ir a algún lugar, tiene que brotar a través de algo en este mundo para poder ser mirada y perdonada, y unas veces lo hace a través de la tierra, otras veces a través de los demás seres humanos. Entonces vemos seres humanos sufriendo o haciendo daño, a diferentes niveles, por diferentes razones. Por eso lo que pensamos es fundamental, ya que todos nos hacemos sufrir entre todos. Y una de las maneras de corregir esto es siendo conscientes de la siguiente frase:

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Los perros salvajes del sótano

Hay una frase de Nietzsche que dice que si quieres volverte sabio, primero tienes que escuchar a los perros salvajes que ladran en tu sótano.

Y me encanta, pues los «perros salvajes» vienen siendo las emociones que tenemos atrapadas, y los pensamientos que no hemos diligenciado, y que por lo mismo dirigen nuestra vida. Esos son los «perros salvajes». Y la percepción está llena de ellos. O sea que cuando algo no te guste, no pienses que son los «perros salvajes» del sótano del otro, pues no te ayudarás.

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Las memorias y tú

Las memorias son información errónea, datos que flotan en nuestra percepción, y que son compartidos con todos los seres humanos. Estos datos aparecen como pensamientos y nos van diciendo sin que nos demos cuenta, cómo debemos vivir, cómo debemos comportarnos, cómo debemos pensar acerca de nosotros mismos, cómo debemos pensar acerca de los demás, etc. Creer lo que las memorias dicen a través de lo que pensamos, es lo que nos genera un gran dolor casi que de forma permanente.

Todo está impregnado de estos datos erróneos, o sea de memorias. Aquí te pongo un ejemplo muy didáctico de cómo se comportan, y de cómo nos comportamos frente a ellas, a través de un diálogo preexistente del que no somos conscientes:

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Los hilos o cordones que nos unen

Cuando piensas en alguien, un destello muy tuyo viaja, a través del hilo invisible que te une a esa persona, para dejar en ella tu amor, o tu miedo.

Si pudieras mirarte de una forma más profunda, y no me refiero a los sentidos porque ellos son limitados, solo pueden ver lo que tienen en frente. Me refiero a tu alma,  porque entonces al mirarte verías un montón de hilos de diferentes colores, uniéndote a la mayoría de las personas con las que te has relacionado. Y verías también, que estos hilos se hacen de ideas, de palabras, de pensamientos, de intenciones, de memorias, etc. Y sabrías que eso que envías cuando piensas, es lo único que importa.

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La plegaria perfecta

No es un secreto que las personas oramos pidiendo, no es un secreto que las personas siempre, de un modo u otro, estamos pidiendo, pocas veces dando. La siguiente frase es un ejemplo de nuestras tradicionales plegarias a la Inteligencia Divina:

Dios (o como le llames), te pido que te acuerdes de mí, que me des _________ para ver si salgo adelante, que me ayudes con _________ para ver si mejora mi vida, que me des __________, porque es lo único que necesito para vivir mejor, que me mandes ___________ porque estoy mal, en serio… ¿Sabes cuánta plata debo? ¿Sabes cuánto llevo mal de salud?…

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Saber perdonar

A menudo las personas me preguntan: ¿Si perdono a alguien, debo convivir con ese alguien necesariamente?

Y mi respuesta es NO.

No necesariamente debes convivir con esa persona si no es tu deseo. ¿Porqué? Lo primero, lo primero, por la razón más importante. No es tu deseo, y eso debe tener validez para ti. No es tu deseo prolongar más esa relación de amistad, amorosa, o familiar. Y si no es tu deseo, es porque algo en tu interior no lo quiere así, por alguna razón. Y debes escuchar a tu alma. Quizás la forma en la que tienes codificada a esa persona en tu interior no dé para más, aunque la hayas perdonado. Quizás deseas vivir de esa manera tu nueva sensación de libertad.

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La curación de tus relaciones

Vamos descubriendo la vida con nuestro caminar, con nuestros aciertos, con nuestros errores, y con lo que traemos al hombro. Así es como se aprenden cosas como la que voy a decirte, pues no se nos enseña a amar realmente mientras crecemos. Solo se nos enseña a defendernos de los mismos monstruos que traemos por dentro.

El asunto es que no tienes una relación directa con otra persona. Tu relación siempre es con tus pensamientos, con la historia que te has contado acerca de esa persona. Tu relación siempre es contigo, no importa cuánta gente veas a tu alrededor.

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Cuando te sientas culpable di esto…

Cuando te sientas culpable, no importa si reincidiste en lo que consideras tu error, considera que estás aprendiendo. Que para eso es la vida. Solo entonces puedes decirte:

Estoy aprendiendo a dejar esa vieja adicción a la culpa, y a dejar de culpar a los demás. Estoy aprendiendo a dejar de creerle a mis pensamientos. Estoy aprendiendo que la vida simplemente sucede. Que te sucede a ti, que me sucede a mí, y que nada, absolutamente nada es personal. Que soy infinita, y por lo mismo inocente.

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