Sesión MFT / Lo no expresado

La mayoría de seres humanos en algún momento de nuestra vida nos hemos visto envueltos en palabras que no hemos dicho, en palabras no pronunciadas, en mensajes guardados, en secretos.

Los secretos no son algo exactamente tuyo. Están relacionados contigo pero vienen bajando a través de tu árbol familiar. Alguien hizo silencio respecto de algo, y tú lo revives a través de tus propios asuntos para poder corregirlo.

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Aceptar es dejar ir

Pregunta:

Vivi, yo he tenido diferentes eventos y en diferentes años, pero todos terminan en lesión de columna, ya sea cervical, dorsal o lumbar, ahorita por ejemplo con fractura del atlas. Todos los días medito, borro memorias además de practicar otras herramientas de sanación. ¿Qué más me recomiendas hacer? ¿Qué parte no he entendido que debo trabajar?

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Perdonar lo imperdonable

Una de las acciones más difíciles que enfrenta un ser humano es la de perdonar. Y lo es porque definitivamente va en contra de lo que está en el sentimiento, en contra de la mente, en contra de la razón. Si razonas el perdón, te darás cuenta de que resulta tan aparentemente injusto, que no alcanzas a comprender porqué has de ser tú quien tenga que perdonar los errores o los actos dolosos que otras personas cometieron en tu contra. Y es por esto que luchas por defender tu dignidad de esas voces o de esas palabras que te dicen que para estar en paz con la vida es importante perdonar.

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Pinche tirano

Nota: La palabra «pinche» generalmente es una grosería en México, no siendo así en algunos otros países de América Latina. Juan Matus era mexicano, de ahí su expresión hacia el tirano.

Un pinche tirano es aquella persona que sin motivo aparente lastima, tortura, humilla, ofende y hiere de forma constante a un guerrero o a una guerrera hasta causar su muerte. Fue gracias a todo el sufrimiento que soportó cuando joven en manos de un capataz, que Juan Matus le pudo enseñar a Carlos Castaneda* la cualidad de encontrar el lugar y el momento adecuado para todas las cosas.

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Si un “perro” te muerde

«Conserva tu dignidad. Si un perro te muerde, no muerdas al perro. Pero no dudes en ponerle un bozal.»

—Alejandro Jodorowsky

La frase citada es magistral porque puedes darle el giro que quieras y porque se adapta a cualquier circunstancia de tu vida. Se acopla fácilmente a lo que está sucediendo en ella. El perro representa a la interpretación humana, a las situaciones y obviamente a las memorias dolorosas que se cuelan a través de los demás seres humanos. Presta atención a mi interpretación:

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Cuando te hieren las palabras

Muchas veces nos preguntamos ¿Porqué tenemos relaciones que nos duelen, lastiman, intoxican, frustran o casi matan? Y mi opinión personal es que, es a través de ellas como puede desarrollarse el juego de la vida. Cada palabra, cada ofensa, cada acto deshonesto del que hayamos sido víctima, en el fondo no es más que la oportunidad que se nos da para que sanemos o limpiemos algo desconocido en nosotros, algo que ya conocemos o que no tenemos idea de que está ahí. Entonces, aprovechamos cada palabra dolorosa y pronunciamos: te amo, lo siento, perdóname, gracias. Lo hacemos sin preguntas y sin pensar en por qués, ni para qués o a quien o en donde o en como o en hubieras. Si comenzamos a hacernos preguntas nos sumergiremos más, y nos será más difícil salir de los recovecos de la mente.

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Más allá de ho’oponopono

Hace más de 4 años, en un momento de cambios, decidí dejar de lado el uso de la palabra ho’oponopono, en principio porque como ya sabes, la palabra en mención es marca registrada, por lo cual no puede ser utilizada por personas no autorizadas por su organización; y en segunda instancia, porque me di cuenta de que eso era precisamente lo que yo necesitaba para expandirme. Mi intención no era ir en contra de las reglas y por lo mismo en ese momento hice pública mi decisión, tomé mis escritos y me “fui”. Desde ese entonces comencé a escribir sobre 4 palabras que curan (lo siento, perdóname, gracias, te amo).

(Seguramente pensarás: es lo mismo!. Pero no es así. Continúa leyendo.)

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El dolor que cargas es el amor que no das

“El dolor que cargas es el amor que no das.” —Vissaeux.

Hace algún tiempo veía en la televisión una serie de casos reales de personas necesitadas y presentaron a un niño como de 8 años que no podía caminar, que había nacido con determinada enfermedad que le impedía muchas cosas; pero lo sorprendente es que el niño, que vivía felizmente, vigilaba el estado de ánimo del papá (quien vivía deprimido). Así que con toda la dificultad del mundo el niño se movía e iba con él para preguntarle: ¿Papá estás bien? Y el hombre secándose las lágrimas! Entonces el niño le decía: Papá no llores que la vida es bella, y sonreía como si a cada segundo recibiera un regalo.

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