Autocuración y enojo. Cómo fundirlos.

Cuando se trata de sanar, queremos resultados en un instante, y muchas veces no tomamos en cuenta que la enfermedad (o sea ese conjunto de datos atrapados) tomó tiempo en formarse, que acumulando enojos, palabras, sentimientos y culpas, llegamos a un punto en el cual es importante bajar la guardia.

Ya sé que piensas que hay enfermedades que no dan espera, sin embargo debes expandirte a la posibilidad de comprender, que quien no da la espera es la que siempre piensa, la mente. Es ella quien no está dispuesta a darte el tiempo que necesitas. La voz que te dice ¡Estás grave! o ¡Vas a morir!, entre mil cosas más. Pero esto nunca es verdad, al menos no, como lo pinta la mente.

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15 cosas que te darán claridad

Si alguien me preguntara: «Si pudieras volver a empezar ¿Qué harías y qué no harías?» Yo respondería:

1. Perdonaría más, perdonaría todo el tiempo.

2. Celebraría cada uno de mis errores. He aprendido que sin todos ellos, no habría llegado aquí sonriendo.

3. Me ocuparía más de mí misma en un plano interno. Me ocuparía de soltar el peso de la culpa, en primer lugar, para poder soltar todo lo demás que se me haga pesado de llevar.

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El valor de las preguntas

Cuando nos hacemos preguntas, sobre todo aquellas a las cuales no acude nunca una respuesta, lo hacemos sin pensar conscientemente. La pregunta brota de algún lugar remoto y nos atrapa, envuelve, agita, y de modo tan brusco, que para cuando nos suelta ya creemos que nada tiene solución.

No nos damos cuenta de que todas las preguntas son memorias, o sea oxidados trozos de pasado flotando en la conciencia, experiencias ancestrales, cuya finalidad es que les aceptemos y después les pongamos en libertad para que puedan convertirse en luz.

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