Una mujer semidestruída por Cristina Martin.

Qué hermosa puede ser una mujer semidestruida, brilla con la verdad decaída de una ciudad antigua y sucia, sus ojos son callejones, son territorios donde transitar para reconocerse.

Qué bellos los pechos caídos e inútiles para dar de mamar a la nada o al cielo, qué hermosa cuando llora con su lágrima azul e infinita, las ideas raras y esféricas, el ruido de su dolor atrapado en el vientre inhabitado, la luz se deforma para dar paso a esa muñeca que se deshilacha y toma forma de hembra en batalla de nadie.

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