4 palabras que curan: de las Pléyades a la tierra

La misión humana no era tan simple. Habíamos venido aquí a amarnos incondicionalmente y a crear paz para poder experimentar una nueva tierra. Casi nunca bajo el nivel de la mente lo lograríamos, pero esto a nadie se le explicaba al nacer. La salida de ese nivel había que descubrirla o quizás se ganaba por créditos acumulados, o por méritos a lo largo de la existencia. Ella, la mente pensante, siempre nos estaría ofreciendo información vieja, de dolores e injusticias padecidos a manos de otros humanos o de la misma vida, cuya raíz principal nos sería siempre desconocida.

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Tú no elegiste a tu amor

Hace algún tiempo publiqué una hermosa frase de Pedro Prado (escritor chileno) que dice:

«Nadie escoge su amor, nadie el momento, ni el sitio, ni la edad, ni la persona…»

Y lo hice porque siempre me gustó cómo en un par de renglones, el autor le quitaba el velo de los ojos a los seres humanos listos, revelando una gran verdad que, viéndola de cerca y leyéndola con el corazón podría ponernos en paz con la vida definitivamente.

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