Espera. No te des por vencida.

Un día decidí darme por vencido. Renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi vida. Fui al bosque para hablar con un anciano que decían era muy sabio.

—¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido? Le pregunté.

—Mira a tu alrededor, me respondió, ¿ves el helecho y el bambú?

—Sí, respondí.

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