A los que se quedan (San Agustín)

Amada lectora:

Que siempre tengas cerca de ti, las palabras que te conforten y que te den paz en horas difíciles, en momentos de dolor. Que sientas la respuesta a tus plegarias. Que jamás te falte la llave que abre tu corazón al amor, la que te lleva a mundos llenos de sol. Que siempre sepas que la voz que te habla proviene de Dios.

Y así es.

He guardado este texto de San Agustín para ti:

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Cuando Coco, mi mejor amiga, se fue al cielo

Este es un pequeño homenaje a mi hermosa perra labrador, de nombre Coco.

Comparto contigo una experiencia que redefine mi vida y que deja una bonita huella en ella. La huella de las patitas de mi perra Coco, quien repentinamente falleció el viernes pasado por la tarde. Y la comparto porque contiene muchas cosas buenas, porque aprendí y aprendo, y porque en medio de todo lo que tú pudieras suponer en estos casos, pues estoy muy bien. Mejor de lo que yo misma esperaba.

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El canto del cisne

A menudo me llegan cartas en las que una persona dolida, herida, lastimada me dice:

«He hecho todo lo que ha estado a mi alcance para olvidar a quien ha sido el gran amor de mi vida, he hecho todo lo imaginable para estar en paz con esa persona, y pese a que nuestra relación llegó a su fin, no lo logro, y tan así es mi desesperación que no sé si pueda salir bien de todo esto, no sé si pueda continuar siendo la misma de antes.»

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Soy mil vientos

Alguien dijo una vez que los ojos son las ventanas del alma, y seguramente lo dijo porque en algún momento se detuvo a mirar fijamente los ojos de alguien, y pudo ver o sentir a través de esa mirada la luminosa Presencia de lo divino, misma que no le es negada a ninguna criatura sobre la Tierra. Y que es algo que puede compararse con la brisa, que sin hacer diferencias traspasa todas las ventanas, portales y orificios existentes.

La brisa llega a todas aquellas casas que tienen puertas y ventanas, mueve las hojas secas del suelo, levanta polvo y le da un toque especial a todo lo creado. Bueno, tú y yo también somos esa brisa, somos el aire que entra y sale de nuestro cuerpo con el único fin de mantenernos viviendo una experiencia terrenal. No somos exactamente este cuerpo, sino la energía que a cada segundo lo llena de vida, el poder oculto detrás de un latido, la inteligencia que le da a luz.

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