La gratitud en las brumas

La cantidad de veces en las que dices gracias en lugar de quejarte, en lugar de lamentarte, en lugar de refugiarte en la culpa, o en lugar de culpar. Eso es lo que te permite experimentar la vida desde otro ángulo. Eso es el éxito.

En mi caso particular, lo agradezco todo. He dicho gracias cuando he experimentado tristeza. He dicho gracias cuando he experimentado alegría. He dicho gracias cuando he experimentado enojo, frustración, dolor.

Y he dicho gracias porque quizás esa es la forma más bella que tiene la vida en ese momento, para decirme:

«Te quiero. Y esto es lo mejor para ti ahora.» (Lo comprenda yo, o no.)

Entonces solo agradezco. Como una plegaria. Como un mantra. Como una declaración de paz. Como una reconciliación conmigo y con la vida. Solo agradezco la mayor cantidad de veces que puedo, porque de ahí se desprende todo lo que necesito para esta vida. Y lo hago sintiendo, desde adentro, desde los confines del alma. Gracias por todo lo bello que las memorias ocultan. Y así mismo gracias por las memorias, porque solo así pueden ser limpiadas.

Y pronuncio la palabra gracias porque esa es la forma más bella que conozco de aceptar. Y si uno de estos días las brumas me atraparan y no pudiera ser agradecida, entonces también me daría las gracias por eso. Y le diría a las brumas: Gracias por venir, las esperaba. ¿Dónde están todas sus demás compañeras?

Sonriendo.

Gracias por leerme.

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