El gran desafío de aceptarnos como somos

En una pequeña ciudad, una mujer mayor, se despierta en la madrugada, baña y viste a su hijo con capacidades diferentes. Con amor infinito lo sube al transporte colectivo, el conductor la espera, ya la conoce. Después, ella se dirige al mercado donde vende frutas y verduras para mantener a su familia.
En otro lado de la ciudad un chico se mira al espejo, con la mente llena de preguntas. ¿Por qué se siente mujer teniendo cuerpo de hombre? Sabe bien que no es gay. Es mujer!. ¿Qué sucede entonces? ¿Por qué nadie cercano parece comprenderlo?. Papá y mamá sólo hablan de no «ofender a Dios», y él no sabe qué hacer. Como cada día, se prepara para ir a clases, y allí intentará encajar una vez más.

Una niña con capacidades diferentes, discute con sus padres la posibilidad de ir a una escuela igual a la de las demás niñas. Ella les dice que sí puede, pero ellos, que la aman infinitamente, temen que resulte lastimada. La chiquilla se siente incomprendida, quiere ser parte de un mundo que ve afuera.
En ese mismo espacio, un hombre lleva 45 años percibiendo figuras monstruosas, gente que viene desde otro mundo a hacerle daño en la pantalla de su mente. El medicamento no ayuda, le hace sentir como un muerto viviente todo el tiempo. No quiere tomarlo pero lo hace, “hay mundos en los cuales es necesario”, se dice a sí mismo para apoyarse.
Unas cuadras más allá, una chica de 25 años ha sacado todos los espejos de su cuarto. Para ella es muy difícil mirarse, tiene problemas alimenticios. No tiene idea por dónde empezar. Su familia tampoco. Muy en el fondo asoma un miedo más grande. El que su familia descubra que es homosexual.
En el centro de la ciudad una madre soltera, terapeuta de profesión, ha descubierto tantas oportunidades y milagros en el autismo de su hijo, que se dedica a impartir talleres sobre cómo recuperar la unidad del alma, cómo humanizar las diferencias, con base en su experiencia.
En el salón de clases de una escuela cercana, la profesora le pide a los niños que trabajen en grupo. Los niños se agrupan. Pero tratando de encontrar en dónde incluirse quedan aislados un negrito, un asiático, uno que tiene piojos, un gordito y otro con fama de tonto. Parecen no tener cabida.
De repente surge esa familia que luce perfecta. El padre, que es muy religioso sólo habla de la moral y las buenas costumbres, mientras que logra escapar de casa, los viernes a un bar lejano vestido de mujer para tener otro tipo de encuentros. Su esposa, que sonríe todo el tiempo ante la gente, no tiene idea de lo que es un orgasmo. Su hijo mayor ha encontrado refugio en ciertas sustancias y la hija menor de 16 años de edad, sospecha de un posible embarazo.
Y esto es sólo una lista mínima de lo que puede existir en esa pequeña ciudad.
Entonces si miras atentamente en cada hogar, notarás que cada ser humano es parte única de una minoría, que cada ser humano es simplemente irrepetible. Que eres único. Que a partir de tu inocencia o de tus perversiones, logras hacer la diferencia, en un planeta lleno de gente distinta y extraña, que al no poder aceptarse a sí misma, no puede aceptar al resto.
A nivel consciente, nadie eligió su vida. Nadie eligió su color de piel, su clase social, su género, orientación sexual, nivel de inteligencia, nivel de belleza física, porcentaje de salud física, porcentaje de salud emocional, porcentaje de salud mental. Nadie eligió su capacidad para dar o recibir amor. Entonces ¿porqué peleamos?. Bueno, es simple porque no nos aceptamos a nosotros mismos.
Quizás lo más bonito de ser diferentes, es que nadie tenga que cambiar nada, o que si desea cambiar, que lo haga. Que quien está apegado a su religión sea feliz creyendo en su Dios especial. Que quien desee cambiar de género, simplemente se apoye sin condiciones, que el racista piense que es superior, que quien tenga el coraje para estar de acuerdo con estigmas, segregaciones y discriminaciones, vaya en paz con su propio ser, que quien odia no se culpe y se ame profundamente. Que todos vivamos en paz con lo que somos.
Gracias por leerme.

4 comentarios en “El gran desafío de aceptarnos como somos

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